Todos los rumores que apuntaban al día 2 de abril como el marcado por Zapatero para el anuncio de su futuro dieron en la diana. El compañero José Luís no repetirá como candidato a las Elecciones Generales del próximo año, dando la noticia en el Comité Federal, máximo órgano de dirección del Partido Socialista Obrero Español entre congresos.
Éste artículo quiero dedicárselo a un compañero de partido, además de a un Presidente del Gobierno de España. Un compañero que llegó a la secretaría general del PSOE sin hacer ruido, hablando de diálogo, de unión y de talante. Una victoria por apenas 10 votos frente a José Bono, en lo que muchos vieron una fractura interna y un partido socialista dividido. Pero los hechos a lo largo de los años demostraron que no era así. Aquel congreso de julio del 2000 resultó ser el punto de partida para la vuelta a la Moncloa de un presidente socialista después del “aznarismo”.
Como socialista, te doy las gracias. Y como ciudadano, las reitero. Cuando el partido tenía las cuotas más bajas de popularidad (125 diputados en marzo del 2000, las únicas encuestas válidas) tú creíste como nadie en nuestras posibilidades, defendiendo los valores del Partido Socialista hasta las últimas consecuencias, a pesar de acusarte de blandito, Bambi, etc… promulgaste el Pacto Antiterrorista del que otros intentaron apoderarse, fuiste leal con el gobierno en dicha materia y nunca antepusiste los intereses del partido antes que el de los ciudadanos de éste país.
Llevaste a las históricas cuatro letras a La Moncloa para liderar un país y cumplir con las promesas hechas (rara avis en los tiempos que corren), retirando las tropas de la ilegalidad de Irak, liderando como nadie en Europa los avances sociales (LEY DE DEPENDENCIA, incremento de las pensiones, ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, ley de igualdad, cheque bebé) y llevando a éste país a las cotas más bajas de desempleo de su Historia, bajando por primera vez del 8 %.
La coherencia en la gestión del gobierno nos llevó de nuevo a otros cuatro años de mandato, en los que estamos inmersos. Tres de los cuatro difíciles, muy difíciles. Una legislatura donde los problemas que se nos han presentado como país, han ido acorde con el crecimiento de las marcas de fatiga en la cara del presidente. Unas marcas que se acrecentaron aquel mes de mayo de 2010, donde sin dude fue el peor mes de su mandato y donde no me cabe duda tuvo que faltar a sus principios y donde se le rompió el mismo corazón socialista que a todos nosotros. Pero donde tengo claro actuó con la misma responsabilidad que lo ha hecho siempre.
Gracia me hacen aquellos que indican que el anuncio de la no reelección atiende a los mismos fines de partido por los que ha mirado hasta ahora. Y digo yo, que si hubiera actuado de manera partidista no hubiera llevado a cabo las reformas tan impopulares, hubiera convocado elecciones el año pasado y que el señor Rajoy, que tanto sabe, se hubiera puesto al frente del país en la peor crisis en décadas y dejar que llevara a cabo su preocupante programa económico.
Como en el último siglo y medio, los socialistas hemos de mirar al futuro. Y el futuro más inmediato son las municipales y autonómicas del 22 de mayo, donde nos jugamos seguir desarrollando las ideas de progreso en los múltiples municipios y las autonomías donde gobernamos. A partir del día 23, tendremos la posibilidad de elegir qué candidato será el mejor para explicar y desarrollar nuestro programa para las generales de marzo de 2012. Y se hará de una manera tranquila, en unas primarias, que son la mayor expresión de democracia interna de un partido acostumbrado a ellas, de las que siempre ha salido más reforzado que dividido.
Y las últimas líneas quiero reservarlas para el compañero José Luís. Un hombre al que se le valorará, como a la mayoría en éste país, cuando pasen los años y quede demostrado que fue un presidente que se la jugó defendiendo sus ideas hasta el límite, un presidente que fue insultado por la derecha y sus voceros hasta la saciedad, y que siempre los desarmó con su famoso talante y su educación. Siempre serás recordado como el presidente tranquilo, aquel que supo dar el paso al frente en un momento muy difícil para estar a la “altura de tu familia, de tu partido y de tu país”.
Por José Ángel Vera Manchón